El pasado domingo la nostalgia golpeó sin miramientos al portero zaragocista Leo Franco. El cancerbero estaba en La Romareda de cuerpo presente, vestido de corto, pero su alma se encontraba a miles de kilómetros de allí, en Buenos Aires. Sentado encima de una valija, la brisa húmeda del puerto de Boca acariciaba su cara de lagarto, mientras él se entretenía observando los barcos zarpar, oyendo los graves bramidos de los cargueros que arribaban.
El día que Leo Franco se puso a recordar a su amada Argentina sin importarle lo más mínimo lo demás, lo aprovechó el Málaga para mostrar en el escaparate de la Liga sus nuevas motocicletas. Leí en la víspera del Zaragoza-Málaga una entrevista al extremo portugués Eliseu. Aunque el luso es más bien una motocicleta de kilómetro cero ya que ésta es su segunda etapa en el Málaga. Eliseu venía a decir en la entrevista que el Málaga, creará mucho peligro este año gracias a la velocidad del equipo. Dicho y hecho. Una sucesión de rapidísimas transiciones les pusieron con un impensable cero a cinco a favor en el marcador en tan sólo media hora de partido.
-¡Leo, carajo, despierta que el barco se hunde!- le gritó un compañero que pasaba por allí después del tercer gol.
-¡Conchasumadre! ¿Y qué querés que haga si me vienen todos solos?- respondió para sí mismo Leo Franco.
El arquero argentino se cubrió de gloria, pero su zaga estuvo también con el síndrome post-vacacional. El Málaga sólo tenía que poner (qué digo poner, lanzar u orientar mínimamente) el balón a cualquier espacio vacío a la espalda de la poco coordinada defensa zaragocista para que sus rápidos jugadores, con Eliseu y Quincy a la cabeza, se plantasen solos frente al meta del conjunto maño, mientras que los defensores se miraban los unos a los otros con la misma cara que se te queda cuando te has dejado las llaves dentro de casa y no hay nadie que te pueda abrir.
También leí antes de la disputa del partido una entrevista al nuevo (y único) central danés del Málaga, Stadsgaard, en la que decía que Quincy era el compañero que más le había sorprendido de todos por su velocidad y su calidad. Y mira por dónde, en el minuto veintiocho de partido Quincy, agarró el balón pegado a la línea de cal a la altura de la divisoria, encendió el contacto de la moto, metió gas a fondo, se deshizo de los dos conos que llevaban puesta la camiseta del Zaragoza que había en su camino y con un sencillísimo pase atrás sirvió el cuarto a su compañero Juanmi. Seis minutos más tarde, en el treinta y cuatro de partido, el mismo Quincy sólo tuvo que realizar una veloz carrera en línea recta y sin oposición para plantarse delante del melancólico Leo Franco a quien batió por bajo.
Aviso a defensores y presidentes. Defensores, cuidadito con Quincy que no se anda con chiquitas y menos con terreno por delante. Presidentes: ¿Será Stadsgaard un maravilloso secretario técnico? ¿Será (copiando las maneras de la prensa deportiva) Stadsgaard el “nuevo” Monchi de los despachos?
Hay que decir que la defensa del Málaga tampoco es que estuviera muy espabilada. Si vas ganando cinco a cero, ¿cómo es posible que un equipo que se presupone noqueado después de encajar cinco goles te pueda hacer tres? Digo yo que habrá que ajustar algunas cosas. Míratelo, Jesualdo.
Y por último y para terminar, no me pareció bien que la afición del Zaragoza pitara cada intervención del desafortunado Leo Franco. Al fin y al cabo, ¿a quién no le gustaría estar ahora mismo en el puerto de Boca viendo los barcos zarpar?
y de regalo un video de Quincy y Eliseu (espero que lo entiendan, a veces uno se permite licencias)
http://www.youtube.com/watch?v=rbY9ePebWB8&feature=related
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